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El Chile del Siglo XXI
Por Víctor Grimblatt, Presidente de la Asociación de la Industria Eléctrica-Electrónica, AIE. / www.aie.cl
En los albores del siglo XXI es necesario detenerse a pensar en el Chile que tenemos y en el Chile que queremos. Estamos viviendo una revolución sin precedentes que cambiará completamente nuestra forma de vivir; me refiero a la Revolución Digital.
Víctor Grimblatt.

En estos días, todos los sectores productivos de nuestra sociedad están vigilantes de los cambios de paradigma que conllevará la llamada “Revolución Digital”, y frente a ella, no solo es necesario preguntarse qué tan preparados estamos para enfrentarla, sino que además debemos preguntarnos cómo queremos enfrentarla.

Ser meros espectadores (o actores secundarios), significa que traemos tecnología desde otros países y aprendemos a utilizarla, sin ser capaces de crear o modificar esta tecnología. En cambio, ser actores relevantes implica inventar tecnología, muchas veces respondiendo a nuestros propios problemas, pero con una visión global; lo que nos permite exportarla. En este aspecto, considero que debemos enfrentar esta nueva revolución como actores relevantes y principales. El gran tema es cómo lo logramos y cuál es el rol de cada uno de los participantes en este desafío.


Los actores

Partamos por definir los actores involucrados:

1. Industria nacional consumidora de tecnología: El “motor” de la economía nacional, representado por diversos sectores (minería, agricultura, servicios, entre otros). Si bien su uso de tecnología ha ido creciendo, en la mayoría de ellos es aún insuficiente. Los empresarios chilenos todavía no logran captar el rol de la tecnología en sus negocios y cómo esta puede ayudarles a mejorar su productividad y, por ende, su rentabilidad. Competir mundialmente es una manera de crecer y sin el uso de tecnología, esto es inviable.

2.Industria tecnológica nacional: Si bien trata de hacer algo, es prácticamente insignificante frente a los grandes consorcios multinacionales que conforman esta industria. A pesar de su importancia, nuestra industria tecnológica representa una fracción mínima del PIB y casi no aporta a la inversión en I+D, ya que la mayoría de los productos que vende vienen del extranjero y su único trabajo es la integración de estos. Se vislumbra la existencia de emprendedores con excelentes iniciativas, las que no logran surgir debido a la falta de clientes (nacionales e internacionales).

3.Consumidores individuales: Mueven la industria tecnológica mundial a través de sus compras y requerimientos.

4.Industria de capital de riesgo: Casi inexistente en Chile. Está llamada a invertir en los emprendimientos tecnológicos que surgirán en el país.

5.Academia: Está llamada no solo a investigar nuevas tecnologías, sino que además debe formar a los profesionales que se necesitarán a futuro.

6.Estado: No solo debe regular el mercado, sino que debe tener un rol activo en el desarrollo del país.

El trabajo conjunto de estos actores permitirá la creación de un ecosistema que desarrollará la industria tecnológica nacional y la convertirá en el motor principal del desarrollo del país.


Los cambios

Ahora bien, analicemos los distintos cambios necesarios para que esta idea se vuelva una realidad.

1. Industria nacional consumidora de tecnología: En primer lugar, debe desarrollar sus procesos productivos, considerando la tecnología como motor de la mejora de su productividad. Debe incluir la contratación de profesionales idóneos y la creación de las gerencias necesarias para que exista esta mejora tecnológica. Es imposible competir con los sistemas arcaicos que varias de nuestras empresas aún mantienen, y se requiere cambiar la mentalidad de muchos de sus ejecutivos, quienes tienen una visión de corto plazo y frenan las inversiones en tecnología.

Asimismo, debe ayudar al impulso de la industria tecnológica nacional a través del uso de tecnología “made in Chile”. Sin estar a favor del proteccionismo (que ya mostró sus desventajas), se necesita impulsar la compra nacional para ayudar a desarrollar y diversificar nuestra industria.

2. Industria tecnológica nacional: Debe salir del letargo en que se encuentra hace ya varias décadas. Debe asumir que seguir trayendo tecnología de afuera, sin ni siquiera entender cómo está hecha, no le permitirá desarrollarse y asumir un rol preponderante en la mejora de la productividad del país. Debe aumentar considerablemente su inversión en I+D, al mismo tiempo que considera productos relevantes para el mercado nacional manteniendo una perspectiva global. Hacer productos solo para Chile no es viable, sin embargo, es una excelente plataforma de salida gracias a los diversos tratados de libre comercio que tiene el país.

Debe igualmente mejorar sus procesos productivos, de modo que sea capaz de producir productos confiables y no solo prototipos. Debe cambiar su vocabulario y dejar de hablar de proyectos y hablar de productos. Debe igualmente incluir en su plana ejecutiva profesionales del área comercial, financiero y de marketing. Es necesario que esta industria comience a trabajar con la industria de capital de riesgo, generando emprendimientos e ideas atrayentes y con alto retorno potencial.

3. Consumidores individuales: Debe exigir calidad y entender que la tecnología nacional no es mala per se. En Chile se dice que “lo importado es bueno”, y es una creencia que debe cambiar de modo que la industria nacional (tecnológica o no) cuente con un consumidor exigente pero premiador, es decir, si la calidad es buena y el precio competitivo, ese proveedor sea elegido.

4. Industria de capital de riesgo: En el país es aún pequeña y poco relevante. Debe igualmente atraer al capital chileno y foráneo que invierte hoy en día en commodities (debido al rápido retorno), y trabajar con la industria tecnológica nacional, permitiendo su desarrollo.

5. Academia: Como motor del conocimiento y de la innovación, está llamada a colaborar con la industria generando nuevos conocimientos, los que deberán convertirse en productos competitivos nacional e internacionalmente. Hasta hoy, la relación industria-academia ha sido casi nula, lo que debe cambiar. Además, no es necesario que la academia genere los profesionales que la industria requiere hoy, sino los que esta requerirá mañana, de modo de impulsar el I+D y la innovación a nivel empresarial.

6. Estado: Como ente regulador e impulsor, su rol es importantísimo y debe convertirse en uno de los principales consumidores de tecnología nacional. Debe, por otro lado, promover la industria local a usar tecnología nacional y desarrollar campañas motivadoras, sin caer en el proteccionismo. Debe igualmente privilegiar sectores clave de la economía, impulsando su desarrollo, e impulsar la industria de capital de riesgo participando en ella y aportando con fondos. Por último, es necesario mejorar la selección de proyectos apoyados por el Estado, exigiendo más calidad y asegurándose de que lleguen a término. Hay demasiados fondos entregados a proyectos que no tienen futuro o que no aportan realmente.

A modo de conclusión, puedo plantear que solo la generación de este ecosistema permitirá desarrollar la industria tecnológica nacional y convertirse en el motor del desarrollo del país. Sin una industria tecnológica fuerte y competitiva, nunca lograremos el anhelado desarrollo que todos los chilenos queremos.

Septiembre 2017
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