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Las oportunidades detrás de
la transformación del sector eléctrico
Por Rodrigo García, Director General de ImplementaSur. / rgp@implementasur.cl
Para que la electrificación del consumo energético se traduzca en una contribución significativa a la decarbonización, se deben transparentar algunas ineficiencias y externalidades ambientales que aún persisten en el ámbito de generación eléctrica.
Rodrigo García.

Ya es sabido por muchos que el mercado eléctrico chileno está viviendo una transformación histórica, gatillada por la mayor competencia de las fuentes de generación ERNC, la llegada de nuevos actores al mercado, pero sobre todo por la caída de la demanda (síntoma de la contracción económica del país). El escenario de precios que motivó el surgimiento de un gran volumen de proyectos de desarrollo ERNC se esfumó y quienes basaban su modelo comercial en un mercado spot con máximos de 250 US$/MWh al 2012, han tenido que contentarse con cifras de 50 US$/MWh (o incluso cero, frente a las congestiones de transmisión y el consecuente vertimiento de ERNC). Esto ha ralentizado la tramitación de nuevos proyectos ante el SEA y disminuido la tasa de nueva capacidad requerida desde 1000 MW/año (entre 2016 y 2018) a 250 MW/año (entre 2018 y 2020), tal como lo refleja la CNE en su último Programa de Obras de Generación.

Hoy, sin suficiente demanda no hay muchas oportunidades evidentes de contratación para todos los actores del mercado. Sin contratos no hay financiamiento, y sin financiamiento no hay inversión. Varios clientes regulados están ejerciendo la opción de pasar a ser clientes libres, lo que reduce el nicho de la licitación para clientes regulados y atomiza las fuentes de demanda. Se ha configurado, entonces, una tormenta perfecta que está dando término a la expansión de desarrollos y abriendo camino a la adquisición de proyectos.


Un cambio transformacional

Si bien estas son señales del fin de un ciclo de inversión, también esto corresponde a un cambio transformacional impulsado por el bajo costo de operación y nulas emisiones de las tecnologías ERNC. Hace ocho años, pocos anticipaban una caída tan radical en los costos de las tecnologías de generación ERNC (en particular, la fotovoltaica), y poco se entendía la influencia que estas tendrían en el surgimiento dinámico de un mercado de desarrollo de proyectos de rápida implementación. Hoy ya es una realidad tan tangible, que ha cambiado las expectativas de rentabilidad del sector, pero que también refleja el potencial de aumentar la elasticidad de la demanda eléctrica, permitiendo extender esta reducción de costos y decarbonización hacia el resto del sistema energético. En otras palabras, ha llegado el momento de transferir la capacidad del sector eléctrico de adoptar nuevas tecnologías en forma competitiva y sustentable, hacia los otros mercados energéticos.

La madurez institucional del sector eléctrico y la infraestructura de transmisión y distribución permiten movilizar las fuerzas del mercado hacia la originación de nuevos nichos de demanda. Un nicho que resuena en forma transversal tanto en la autoridad como en los representantes de la industria es la electromovilidad (también se habla en menor medida de la climatización). ¿Cómo lograr el mismo éxito alcanzado en el despliegue de las tecnologías ERNC? Obviamente, es un tema que va mucho más allá de solo voluntades, y que le asigna un rol al Estado en establecer una hoja de ruta con metas a la demanda, y con reducir el riesgo de quienes se involucren en los servicios asociados a este nicho (por ejemplo, promoviendo modelos de negocio innovadores para la carga o para la inyección a la red desde los vehículos y su complementariedad con otros recursos de energía distribuida). Una vez que aumente esta electrificación del consumo en Chile hacia niveles de países desarrollados, veremos que las inversiones en generación irán a la par con esa mayor demanda. No hay que perder de vista que para que este esfuerzo de electrificación del consumo energético se traduzca en una contribución significativa a la decarbonización, se deben transparentar algunas ineficiencias y externalidades ambientales que aún persisten en el sistema eléctrico. Por ejemplo, la inflexibilidad de algunas centrales termoeléctricas (que en ciertas horas son despachadas en condiciones económicas injustificadas), como también las limitaciones de un impuesto al carbono de 5 US$/tonCO2e (muy por debajo del precio social del carbono nacional de 32 US$/tCO2e y por debajo de los estándares internacionales).

Existe un espacio para que el sector eléctrico tome el liderazgo en esta transformación de todo el sector energético, pero es fundamental que se transparenten las ineficiencias, sobrecostos y externalidades pendientes. En resumen, podemos extender “el milagro chileno de las energías limpias” si damos un paso más allá en la innovación y en el diseño de políticas públicas.

Septiembre 2017
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