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PROYECTOS ENERGÉTICOS Y PARTICIPACIÓN SOCIAL
Una tendencia inevitable
Por Claudio Huepe, Coordinador del Centro de Energía y Desarrollo Sustentable de la Universidad Diego Portales (UDP). Mayor información en www.udp.cl

Nuestro país enfrenta una realidad que definirá (o está definiendo) el futuro de la industria eléctrica y energética nacional. Si antes los proyectos pasaban por un tema técnico y/o comercial, hoy los actores de este mercado se enfrentan a una sociedad dispuesta a manifestar su opinión a favor o en contra de una determinada iniciativa. Una realidad que está transformándose en tendencia.

Durante décadas, una parte significativa de los actores involucrados con el desarrollo eléctrico, consideró que las decisiones relacionadas con la generación y distribución de electricidad eran esencialmente “técnicas” y, por lo tanto, no contestables por personas sin el conocimiento necesario.

En los últimos años, sin embargo, los desarrolladores de proyectos se han visto forzados a tomar en cuenta las opiniones no expertas, en la medida que una parte de la ciudadanía ha hecho notar claramente su posición en la materia y ha comenzado a manifestar una opinión activa en los temas, buscando influir en las decisiones.

Algunos han argumentado que estas protestas son el resultado del activismo interesado de grupos que buscan detener el desarrollo nacional. Sin embargo, la evidencia de encuestas nacionales muestra que en muchos casos representan un sentir mayoritario en cuanto a la oposición a proyectos. Aun cuando las protestas puedan originarse en grupos organizados (legítimos en una sociedad democrática), parece difícil no reconocer que estas protestas se insertan en un contexto de cambios sociales generalizados.

No obstante, gran parte de las mejoras esperadas en la calidad de vida de las personas están asociadas a bienes y servicios que requieren energía eléctrica: comunicación, servicios públicos, domésticos y médicos, incluso transporte, por nombrar algunos ejemplos. Por ello, a menos que se cambie radicalmente el patrón de desarrollo general, será necesario mantener un crecimiento relativamente sostenido de la generación eléctrica y, además, ampliar y mejorar la transmisión y distribución.


Desarrollo eléctrico y social

Aunque casi todos reconocen la importancia del desarrollo eléctrico y aunque los proyectos eléctricos por años fueron vistos con orgullo colectivo, hoy son más bien fruto de rechazos significativos. El medio para lograr la influencia han sido las protestas públicas masivas locales y nacionales. Si se toma como ejemplo de referencia un conjunto de 97 conflictos socioambientales(1) -identificados por el Instituto Nacional de Derechos Humanos como la existencia de alguna polémica pública entre enero de 2010 y junio de 2012- 40 se relacionan con energía. En 37 casos hubo protesta de tipo local, y en 2 protestas nacionales. Además, en 15 casos se judicializó la disputa, existiendo seis proyectos inactivos por causas judiciales. Otro dato interesante es que solo cuatro de estos proyectos se encuentran activos.

Esta oposición ciudadana no es solo un problema nacional, sino que es una tendencia del mundo globalizado. Y tampoco se restringe a las energías convencionales o a aquellas consideradas más “sucias”, pues también se ha visto creciente oposición a proyectos eólicos o solares.

La razón para esta oposición no es del todo clara y faltan estudios en profundidad en nuestro país que nos orienten al respecto. Probablemente se trata de una diversidad de razones sistémicas que han cambiado la manera en que la sociedad valora y acepta diversos tipos de bienes y servicios. Lo que es claro, es que hay intereses diversos y a menudo contrapuestos en la materia y, por lo tanto, el desarrollo energético no se puede considerar solo como un problema técnico, sino uno en el cual se cruzan aspectos económicos, sociales, políticos y ambientales, por lo que las opciones técnicas deben considerar la visión de la ciudadanía.
 

“Esta oposición ciudadana no es solo un problema nacional, sino que es una tendencia del mundo globalizado”, afirma el académico de la UDP. (Foto: Gentileza Rodrigo Urzúa).

El rol de la sociedad

En efecto, la ciudadanía en un Estado democrático tiene el derecho de participar en las decisiones que afecten su existencia. Lo decía Aristóteles: “Es ciudadano el individuo que puede tener en la asamblea pública y en el tribunal voz deliberante, cualquiera que sea”.

En una sociedad democrática, por lo tanto, no podemos esquivar la participación de la ciudadanía, por lo que la tendencia a participar no solo no desaparecerá sino que probablemente crecerá. Y bienvenida será la participación. Lo que queda por delante es encausar la participación, hacerla aún más amplia y legítima, y a partir de esta, mejorar los proyectos y los procesos de decisión para hacerlos más aceptables. Probablemente nunca estaremos todos de acuerdo, pero si la participación le da más legitimidad al desarrollo eléctrico, ya será un gran paso.

(1) Definidos como “disputas entre diversos actores, manifestadas públicamente y que expresan divergencias de opiniones, posiciones, intereses y planteamientos de demandas por la afectación (o potencial afectación) de derechos humanos, derivada del acceso y uso de los recursos naturales, así como por los impactos ambientales de las actividades económicas”.

Noviembre 2013
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