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La muerte rondando
Por Jorge Valenzuela, Ingeniero Experto en Normas Eléctricas. • j_valenzuela_a@yahoo.es 

Colegas de variadas procedencias parecemos coincidir en esta apreciación: las estadísticas oficiales disponibles sobre las muertes provocadas por accidentes eléctricos se perciben incompletas y poco confiables (ignoro si hay otra información más firme, pero de acceso restringido). Motivado por un problema propio, un colega contrató en 2002 a tres periodistas que se pasaron varios meses en la Biblioteca Nacional, buscando en los periódicos accidentes eléctricos con resultado de muerte sucedidos entre 1988 y el citado año, entrecruzando y contrastando la información de modo de no falsear los datos con casos repetidos. Los resultados se pueden observar en el Gráfico.

Al ser presentados estos datos a varios profesionales (entre quienes me encontraba), hicimos nuestros estos resultados y agregamos una proyección al año 2010, apoyados en la línea de tendencia obtenida. Las columnas rojas corresponden a los datos duros obtenidos del estudio; las amarillas, con resultados más allá de 2002, son valores proyectados hasta 2010, según la línea de tendencia (que es muy clara y definida en este caso). Estos datos los acompañamos con un análisis de causas y posibles líneas de acción, y los presentamos en diversas fechas a la repartición estatal contralora del área, pero ni siquiera se obtuvo un acuso de recibo.

Cabe aclarar que en un porcentaje significativo, sobre el 80%, corresponde a accidentes domésticos, lo que es consistente con estadísticas de la OMS que entrega cifras similares para países con un voltaje de 220V para aplicaciones domésticas.

Hay quienes han objetado que “hay más accidentes porque ha aumentado el uso de electrodomésticos”. Lamentablemente esta justificación desaparece si se comparan estas cifras con estadísticas de países desarrollados, como por ejemplo, Alemania, que para un período similar muestra la tendencia exactamente opuesta, habiendo disminuido notoriamente los decesos en accidentes eléctricos.

En definitiva, la conclusión es que estamos haciendo las cosas mal y nos estamos saltando las normas de seguridad. Asimismo, es interesante anotar que, como metodología de análisis, la de este estudio es claramente objetable (aunque nadie se ha preocupado por ello), pues no se garantiza que todos los accidentes aparezcan consignados en los diarios. Por ende, los resultados reales son, sin duda, mayores que los mostrados en el gráfico. La gran duda es cuánto más.


Las estadísticas


Hace algunos años, asesoré a una concesionaria, que enfrentaba una demanda por quemaduras a un niño al apoyarse en un poste metálico de soporte de luminarias, durante el período de transición al nuevo sistema de iluminación. Informé que la demanda era sustentable y en un estudio de la zona de concesión, se determinó que sobre un universo de unas 2000 luminarias comprometidas, cerca del 30% presentaban condiciones de riesgo similares a las del accidente original. Haciendo una proyección lineal al total de luminarias existentes en el país (según la información disponible) y castigándola en un 75% (por diversos factores), se llegó a la conclusión que potencialmente existen a lo largo del país unos 7.000 puntos de riesgo, con el agravante de que si el contacto se produce en invierno, el riesgo es de muerte (y no sólo de quemaduras como el caso comentado, el que se produjo en verano).

Considerando que la causa de muerte en un accidente de este tipo sería una fibrilación ventricular (exactamente el mismo efecto que se produce en un infarto), vale la pena preguntarse si el análisis “post-mortem” es tan acucioso como para asegurar la causa real o se están consignando como infartos accidentes en postes defectuosos. ¿Especulaciones afiebradas? En lo absoluto. Mientras sólidamente no se demuestre lo contrario, la duda es más que razonable..

En el aspecto de la seguridad personal, es interesante recordar el tema de las quemaduras de origen eléctrico. En este aspecto, un dato fuerte lo proporcionó algunos años atrás un directivo de COANIQUEM, durante una entrevista. En dicha ocasión, tras anunciar la significativa disminución de accidentes con fuegos artificiales, el ejecutivo destacó que una de las líneas de trabajo de la institución era atender a quemados en accidentes eléctricos, de los cuales “se atendieron este año a 300, siendo ésta una cifra parcial, por cuanto otras instituciones atienden también este problema, estimándose que la cifra a nivel nacional por esto es a lo menos el doble” (la cita es casi textual).

Entendiendo que las quemaduras comentadas serían de gravedad mediana a extrema, los 600 posibles casos deberían aumentarse, pues la cifra se refería sólo a niños. ¿Existe una estadística de las gravedades relativas? y, en tal caso, ¿hay algún porcentaje de desenlaces fatales? Y si comparamos sólo los números, ¿por qué no se hace una campaña por 600 o más quemados eléctricos?

Una inmejorable oportunidad de aclarar definitivamente estas dudas y muchas otras, administrando las medidas pertinentes en función a las conclusiones que se obtengan, es el plan de actualización de normas que enfrenta SEC, desde luego aceptando el hecho de que las normas, aun cuando son una pieza fundamental, son letra muerta si no se las complementa con un sólido proceso de control de calidad, vía inspecciones técnicas.

Abril 2013
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