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El Control de Calidad en la reglamentación eléctrica (Parte II)
Por Jorge Valenzuela, Ingeniero Experto en Normas Eléctricas. • j_valenzuela_a@yahoo.es  

En la edición pasada, revisamos la evolución de la normativa que rige las instalaciones eléctricas en nuestro país, finalizando con un breve análisis de los últimos intentos de actualización de la misma. En este artículo, concluye el estudio del plan propuesto por la SEC.

Desde un punto de vista formal, el plan propuesto para la actualización de la normativa, pareciera implicar que se estaría volviendo al formato de reglamentos y no de normas, aunque ello no está del todo claro. Extraoficialmente, se ha escuchado a modo de justificación, que el formato de norma sería más engorroso de manejar que un reglamento. Aunque el tema daría para una discusión extensa, la verdad es exactamente la contraria. De allí que la ley faculte a SEC a dictar normas y, con la proposición de estudiar reglamentos, marginándose de la ley, esta entidad estaría renunciando a ejercer esta facultad sin entregar ninguna explicación de esto, que, a nuestro juicio, sería injustificable.

Además, en dicha propuesta, se estarían analizando las normas números 2, 4, 5, 6, 8, 10 y 20, sin hacer diferencias entre su clasificación NCh o NSEG, y sin explicitar bajo qué designación se actualizarán. Estas normas abordan aspectos técnicos y administrativos que deben cumplir las instalaciones eléctricas y sus proyectos. Hasta el momento, no se han mencionado las normas 9, 12, 13, 14, 15, 16 y 21, y no hay anuncios respecto a incorporar nuevos temas al proceso, aun cuando es muy evidente la necesidad de hacerlo.

También parece desprenderse que la idea sería refundir todos estos temas en un único gran texto. Aceptando que es un tema discutible, esto pareciera ser muy inconveniente, pues dificulta considerablemente la definición de objetivos y alcances al tratar en cada cuerpo normativo aspectos muy diversos y que afectan incluso a zonas diferentes de un sistema eléctrico. Desde un punto de vista práctico, la aplicación de tal criterio, contrario a todos los usos y costumbres aceptados internacionalmente sobre la materia, puede terminar convirtiendo el texto resultante en un “mamotreto” inmanejable.

No se aclara tampoco si este trabajo de actualización retomará su calidad de periódico (ya sea trianual o de otra extensión definida) o si sólo es una iniciativa de momento, que busca salir de un mal paso. Para muchos especialistas, se necesita un cambio radical respecto a las normas que regulan una instalación eléctrica, pero esta indefinición ha conducido a que algunos sectores hayan perdido las esperanzas, porque han visto que las actualizaciones o modificaciones que se han realizado en los últimos años, no han respondido a un proceso orgánico, periódico y continuo, y por ello, no han tenido grandes repercusiones y menos han respondido a los avances tecnológicos.

De concretarse la actualización planteada, se requeriría de la formación de un equipo permanente de especialistas dedicados en forma exclusiva al estudio de normas. Como referencia, puede reiterarse que para el estudio de la norma NFPA 70, de EE.UU., quizás más conocido como NEC (National Electrical Code), se mantienen 19 comités de trabajo, que están permanentemente revisando los nueve capítulos de la norma, con un total aproximado de 300 ingenieros de primera línea dedicados al tema. Haciendo una proporción, tomando como referencia sólo la población, en Chile debería existir un grupo de 16 ingenieros especialistas, sólo para mantener la norma NCh 4. Hasta el momento, estos estudios los habían conducido sólo dos profesionales con dedicación no exclusiva. ¿Se tomará conciencia alguna vez de la importancia de estas diferencias?


El Control de Calidad


En este ambiente positivo y de optimismo por la proposición de tan necesario programa de trabajo, se echa muy de menos la mención a que todo esto es sólo una parte del proceso, con toda la importancia que se le quiera atribuir, pero pretender que esto constituye de por sí una solución es totalmente inconducente.

La normalización por sí sola carece de sentido, y debe entendérsela como la herramienta básica de un proceso general que es el Control de Calidad. Esto implica que deben existir instancias de control (son ineludibles) a través de inspecciones técnicas de las actividades normalizadas.

Hasta 1982, esta actividad inspectiva la realizaba el Estado a través de la SEC. Claramente, se puede discutir si resulta más conveniente que la realicen entidades especialistas privadas, pero cualquiera sea la solución adoptada, debe haber un supracontrol, el que considerando la organización administrativa del país, la debe efectuar a fondo la superintendencia.

Respondiendo a la necesidad lógica de supervisión, han aparecido espontáneamente en el mercado diversas oficinas de inspección técnica. Estas, al carecer de un respaldo legal, sólo pueden emitir sus conclusiones bajo la forma de recomendaciones, las que, a su vez, serán aceptadas o desechadas al arbitrio de sus contratantes, quienes basarán su decisión sin análisis ninguno sobre consecuencias futuras, sean éstas de seguridad, de ética profesional, de operabilidad o económicas.


Un sistema de inspecciones


En este sentido, es imperativo recrear un sistema de inspecciones técnicas. No se trata de un invento burocrático e inconducente, sino que permitiría corregir, evitándolos en su origen, los problemas originados en el desarrollo de instalaciones construidas en condiciones precarias, lo que es un hecho frecuente en la actualidad. Nos devolvería también nuestro nivel de calidad en nuestra ingeniería que teníamos antes de adoptar la metodología actual de trabajo.

Como una ventaja adicional, se lograría la desaparición de los participantes informales; al existir un control eficiente, este mercado informal, incluidas empresas supuestamente serias que ejercen esta actividad, dejaría de ser competitivo, pues se basa exclusivamente en el uso de malas prácticas.

Esperemos que, en esta oportunidad, se enfrente la tarea en forma seria y la autoridad convocante tome en consideración las ponencias de los participantes en el proceso y no nos estén entregando un “manjar predigerido”, con una invitación sólo para hacer número. Para los participantes, esto significaría, una vez más, una pérdida de tiempo, un desconocimiento gratuito de su experiencia y de la voluntad manifiesta de colaborar en un proceso que, de entregar frutos concretos, sería un innegable factor de progreso para el país.

Diciembre 2012
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