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IMPERMEABILIZACIÓN EN EDIFICACIONES
Mayor control

A través del tiempo, uno de los principales problemas que aparecen en una edificación, son los derivados de la humedad, deteriorando distintos elementos de la obra y disminuyendo el confort de sus habitantes.

Apartir de la humedad en un proyecto, están relacionados cuatro aspectos estratégicos. El primero de ellos se relaciona con el cuidado y mantención que los usuarios tienen, en especial en torno a la emisión de vapor que será propio de las distintas actividades al interior de un recinto.

Las condiciones del contexto, en donde se emplazará la obra, corresponden a un segundo aspecto a considerar, lo que tendrá una fuerte incidencia debido -fundamentalmente- a las condiciones climáticas y características que el suelo tiene. Luego, están las instalaciones, especialmente aquellas de agua potable y alcantarillado, que pueden generar humedad a partir de filtraciones y, finalmente, el cuarto aspecto “tiene relación con los componentes que conforman el elemento constructivo, dado que existe el fenómeno denominado condensación intersticial, que se produce como efecto de una mala configuración de estos elementos”, comenta Jaime Arriagada Araya, Académico de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Central.


Consecuencias en la construcción

Las consecuencias del agua en una obra dependen directamente de los tipos y calidad de los materiales y de la forma en que son utilizados. Los daños causados y las consecuencias en las estructuras son directamente proporcionales al origen del problema observado. “Si hablamos de humedad que traspasa por capilaridad hacia el interior de una construcción, el origen radica en una mala impermeabilización del suelo, que permite traspasar las capas y afectar el interior de la construcción. Por otra parte, si hablamos de humedad presente en muros y cielos, puede ser causada por problemas de condensación, fallas en la impermeabilización de cubiertas o grietas en muros exteriores”, señala Francisco Orellana, jefe de carrera Construcción AIEP Viña del Mar.

Las consecuencias finales, asociadas a la falta de impermeabilización, tienen directa relación con efectos negativos sobre la salud de los ocupantes y con daños en las características técnicas del elemento constructivo. Estas características negativas pueden ser consideradas dentro del concepto denominado como “Síndrome del edificio enfermo”, que queda definido a partir de la aparición de síntomas o patologías que no solo afectan los elementos, sino también a los usuarios.

“Estas consecuencias se producen a largo plazo, en casos en donde la impermeabilización o las condiciones climáticas no fueron consideradas. Luego, cada elemento como tal se verá afectado por la corrosión (en elementos metálicos), eflorescencias en sectores con alta humedad (muros o losas en contacto con el terreno), hongos en zonas con poca ventilación y/o muy húmeda (cocina o baño), fisuras por efecto de la capilaridad en los elementos de hormigón, entre otras patologías”, afirma el académico de la Universidad Central.


Patologías

Las principales patologías de una mala impermeabilización son por lo general goteras, filtraciones, humedades, eflorescencias, corrosión en estructuras, pérdida de confort y deterioro de las terminaciones. En el caso de las filtraciones, “es posible observar frecuentemente, a consecuencia de la mala aplicación de las pendientes, aguas estancadas, que con el deterioro presente en cubiertas y techumbres por falta de mantención, provocan el paso de las aguas lluvias a través de orificios, grietas o partes de la cubierta rotas o desplazadas, permitiendo la aparición de goteras, por ejemplo”, comenta Francisco Orellana de AIEP.

Cuando nos referimos a la aparición de eflorescencias, se vincula a las filtraciones provocadas por cañerías de agua potable y/o alcantarillado en mal estado, que comienzan a hacer evidentes los daños a través de la aparición de manchas blanquecinas que, ante la desaparición de la humedad, se cristalizan; pero también pueden ser a consecuencia de las precipitaciones. Generalmente, esta patología se da en superficies de hormigón, albañilerías de ladrillo y piedra. Los materiales de construcción muy porosos contribuyen a la aparición de eflorescencias.


Impermeabilización integral

La impermeabilización ha tomado tal importancia, que se habla de “impermeabilización integral de la construcción” y cuya solución dependerá de los grados de complejidad de los proyectos, tratándose de impermeabilización de hormigones o estructura principal, control de juntas y tratamiento de la envolvente, entre otras.

“Se hace necesario concebir criterios diferenciados para las distintas partes del proyecto y que sean a su vez soluciones compatibles con los usuarios y con el impacto medioambiental que ellas generan; por tanto, el concepto ‘impermeabilización integral’ responde a la necesidad de abordar un conjunto de complejidades propias de la realización del proyecto, del usuario y del impacto sobre el lugar”, detalla Jaime Arriagada Araya de la Universidad Central.

De acuerdo a Francisco Orellana de AIEP, “la impermeabilización integral o White Box, trata de la impermeabilización total de los proyectos, respondiendo directamente a la complejidad de ellos”. En el caso del hormigón, la impermeabilización se ejecuta a través de aditivos hidrófugos incorporando geles que obturan los capilares, impidiendo el paso del agua y reductores de agua, que disminuyen la porosidad. Los aditivos pueden ser aditivos impermeabilizantes, que actúan bloqueando los poros del hormigón, o aditivos impermeabilizantes, por cristalización.

Respecto a las juntas; es importante el control de estas y pasadas con perfiles preformados, hidro expansibles, inyecciones, y cintas adhesivas; tanto en juntas de construcción como en las de dilatación. Finalmente, en el caso de la envolvente, es relevante el uso de revestimientos impermeables cementicios, asfálticos y preformados, permitiendo la impermeabilización de hormigones de fachada con productos convencionales o láminas de impermeabilización ubicadas en la cara exterior, en la cara intermedia o junta impermeable e impermeabilización ubicada en el interior de la estructura.


Soluciones

En el pasado, los productos destinados a la impermeabilización debían ser utilizados por medio de grandes espesores; “hoy esto ha cambiado, permitiendo espesores casi imperceptibles de 3 a 5 mm”, indica el profesional de AIEP.

Años atrás, el boom fue protagonizado por los impermeabilizantes plásticosintéticos (en base a geomembranas). Hoy, la incorporación de distintos tipos de poliuretano o espumas flexibles y grout, han permitido mayor rapidez y eficiencia en los resultados, a través de la utilización de materiales más elásticos y que se adaptan de mejor forma a las superficies a impermeabilizar. “La buena adherencia, su alta capacidad a la deformación y una gran resistencia a la tracción permiten que soporten muy bien los cambios de temperatura del medioambiente”, complementa el académico de AIEP. A ello se suman los impermeabilizantes de contacto, que se aplican cuando la obra gruesa está terminada.

Según los expertos consultados, el desafío de dicha especialidad está puesto en el aseguramiento de la calidad de las intervenciones, proyectos y controles, frente a eventuales daños que puedan presentar las edificaciones ante eventos de cualquier índole o por el paso del tiempo.

Agosto 2019
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