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REPORTAJE
La lucha por
preservar una
forma de vida
El rescate del adobe

¿Quién dijo que el adobe era frágil? “Qué mentira tan absurda”, replican arquitectos expertos y quienes aún viven en casas de este material, a pesar de los terremotos y el desarrollo de la construcción. Arquitectos y defensores de las raíces chilenas dan sus razones para preservarlo y mantenerlo vivo.

Barro y paja son la base del adobe, un material que está gratuita y generosamente en la naturaleza, y que puede ser estructural, estructuralmente colaborante con otro material o actuar como relleno. Utilizado en Chile para la construcción de viviendas, iglesias, colegios, museos y oficinas de reparticiones públicas desde el tiempo de la Colonia, ha sido valorado antes y enjuiciado en la actualidad. No obstante ello, sigue manteniéndose como el material de base para levantar casas y edificaciones menores, hoy reforzado con estructuras soportantes, para hacerlo más resistente ante los sismos y terremotos a los que cada vez nos acostumbramos más.

Sus ventajas intrínsecas siguen siendo su bandera de lucha ante la duda que provoca su aparente fragilidad. Muy a tono con el cuidado del medioambiente, al ser biodegradable no aumenta la huella de carbono, es una fuente de empleo directa porque utiliza mano de obra local, permite la autoconstrucción, es decir, la mayoría de las veces los dueños de casa son los mismos que levantan las paredes en las que viven y, por si fuera poco, es uno de los mejores materiales en términos de aislación térmica y acústica; característica muy valorada en las zonas con climas más extremos, como el Altiplano y el Sur de Chile.

Para asegurar estas ventajas, las construcciones de adobe soportadas sólo en tierra cruda -sin estructuras soportantes- requieren de muros anchos y pocas ventanas, y no consideran ampliaciones posteriores. La desventaja del adobe es que no se puede cambiar su naturaleza estructural.

Cualquier transformación podría debilitarlo y causar daños, como los que sufrieron muchas construcciones durante el terremoto del 27 de febrero del 2010, afectadas por no respetar este principio básico. Muchas de ellas habían cambiado el techo y hecho ampliaciones, debilitando su estructura. Otras no resistieron este gran sismo, porque fueron reparadas sólo de manera cosmética luego del terremoto de marzo de 1985.


Historia y cultura en adobe


Desde su experiencia, el arquitecto Ezio Mosciatti lamenta la historia de desprestigio tejida alrededor de este material. “Una historia que tiene que ver con la incapacidad que hemos tenido los arquitectos e ingenieros de reducir la incertidumbre que genera el adobe y también por los intereses comerciales de la industria. El problema del adobe es que no hay un poder económico que lo defienda”, afirma. A pesar de eso, sostiene que detrás de las construcciones en adobe hay dos vertientes centrales de valorar. La primera tiene que ver con el patrimonio, la historia y la identidad de las comunidades; y la segunda es la forma de vida ligada al adobe, relacionada con una cultura rural sustentable, de sobrevivencia y autonomía. “El adobe lo hacen los campesinos y esa tradición se está perdiendo porque durante muchos años, sostenidamente, el adobe ha sido despreciado. Chile debiera revalorarlo, en términos materiales e históricos, si realmente se valora a sí mismo y quiere cuidar su identidad”, recalca.

Agrega que las formas de construcción conllevan una forma especial de relacinarse, un tejido social, de identidades y cohesión, que en el caso del adobe y de las comunidades rurales y pequeños asentamientos puede ser central.


“Favor no demoler”


Este desapego quedó claro durante la reconstrucción post terremoto del 2010, donde muchas viviendas y edificaciones menores hechas en adobe fueron demolidas aun cuando podían ser reparadas. En cambio, fueron reemplazadas en su mayoría por casas prefabricadas. En zonas de epicentro, como Cobquecura, muchas construcciones de adobe no se cayeron, pero se demolieron igualmente, a pesar de que eran recuperables. El problema, sostiene el arquitecto, es que estas viviendas de reemplazo no calzan con las necesidades de los campesinos. Son demasiado pequeñas y difícilmente se pueden ampliar, porque quienes las habitan no tienen los recursos para hacerlo. “Es ahí donde se produce un gran choque entre la vida que tenían antes y la que tienen ahora”.

El desconocimiento es otro factor que juega en contra del adobe. “La mayoría de las viviendas afectadas no fueron derribadas por el terremoto. Lo que realmente las destruyó fue la pobreza, la ignorancia y las termitas”, asegura Ezio Mosciatti. La pobreza porque eran viviendas que hace muchos años tenían los muros impregnados de humedad, y por falta de recursos no estaban mantenidas adecuadamente. Ignorancia porque luego del terremoto del año 85 las propiedades de adobe quedaron debilitadas estructuralmente, al recibir reparaciones superficiales, sin los refuerzos necesarios. Y, finalmente, las termitas, que terminaron por debilitar todavía más la estructura previamente dañada.

Como contrapartida, numerosas construcciones importantes y emblemáticas en adobe sobrevivieron al 27F. Entre ellas, algunas incluso centenarias, como Casas de Lo Matta, la casa de Ignacio Domeyko en el barrio Yungay, la escuela de arquitectura de la Universidad Católica, Campus Comendador, y la Iglesia San Francisco, en pleno corazón del centro de Santiago. Junto a ellas, también cientos de otras construcciones, históricas y más corrientes, siguen en pie. Están intactas o sólo con pequeñas grietas.

Entonces, la pregunta es ¿por qué demoler? Ezio Mosciatti responde que, al contrario, lo que debe hacerse es desarrollar el conocimiento en los arquitectos para reparar las estructuras en adobe dañadas y mantenerlas en el tiempo; y de paso devolvérselo a los campesinos, que lo han ido perdiendo, para preservar su cultura y su forma de vida; tal como se hace en distintos países, desarrollados y no tanto.

¿Qué dice la ley?

Perú, un país sísmico tal como Chile, usa intensivamente el adobe en zonas rurales. En otros, como Francia y España, también se levantan construcciones en adobe; y en Asia, particularmente en China, se hacen edificios de hasta 5 pisos con tierra cruda. Todo esto apoyado por una inversión estatal importante, sobre todo en Europa, con el objetivo de mantener las culturas agrícolas y campesinas, donde radica buena parte de la identidad de esos países. ¿No debería suceder algo similar en Chile?

Marjolaine Neely, Presidenta del Comité de Patrimonio del Colegio de Arquitectos desde el 2011, explica que la norma técnica del adobe, a cargo del INN, está aún en proceso de aprobación. La iniciativa surgió a petición del Estado, que lo requirió al comenzar a invertir en edificios patrimoniales. “En ese contexto se llamó a una comisión de expertos, que al alero del Instituto de la Construcción comenzó a trabajar en una norma de cálculo estructural del adobe para construcciones existentes, en tierra cruda y sin armaduras de ningún tipo”, explica.

La experta señala que aún no existe una norma para construcciones nuevas en adobe sólo a partir de tierra cruda y que probablemente no la habrá, ya que la tendencia es rescatar el adobe utilizándolo en combinación con otras estructuras.

La importancia de la norma en curso radica en que permitirá regular un aspecto muy importante, que son los seguros. A partir de ella, todos quienes requieran contar con financiamiento bancario para construir en adobe tendrán más posibilidades de hacerlo, porque la normativa respaldará la seguridad de las construcciones de tierra soportadas con otros materiales. A juicio de Marjolaine Neely, una construcción de tierra cruda hoy en día, con las nuevas tecnologías disponibles, puede integrar las ventajas del adobe y dar vida a una construcción contemporánea, como se requiere en la actualidad. Esto permitiría terminar con su estigmatización y continuar con una tradición rural valiosa. “El hecho que una persona pueda reparar su vivienda, manteniendo esa autonomía en la construcción, que existía antes, es muy importante. De haber continuado con la cultura de la tierra, post terremoto, las personas podrían haber buscado la paja adecuada, la tierra adecuada y haber reconstruido solos. Esa auto-sustentabilidad es algo que debe fomentarse, en especial en un país donde hay lugares muy aislados y de difícil acceso, y sobre todo sísmico”.


Vivir en torno al adobe


Amanda Droguett es pionera de turismo rural en Chile y es dueña del complejo turístico “Santa Clara”, ubicado en Zúñiga, localidad declarada Monumento Nacional el año 2005. Este pueblo, ubicado en la sexta región, en la comuna de San Vicente de Tagua Tagua, tiene un gran atractivo por su entorno campestre y sus raíces costumbristas. Prácticamente el casco histórico completo de Zúñiga está hecho en adobe y sólo existen 2 ó 3 intervenciones en otras materialidades. Fueron justamente ellas las que despertaron la preocupación de Amanda Droguett el año 2003 y desde ese momento no ha cesado en su afán de proteger las construcciones en adobe de esta localidad. “Prácticamente todas las casas aquí fueron construidas en el siglo XIX y son muy representativas del asentamiento rural de la época de la colonia, lo que les da una gran particularidad y valor. Además, son espaciosas, acogedoras y al estar dispuestas en fachada continua adquieren una identidad propia”, destaca.

De acuerdo a su opinión, para mantenerlas se requiere terminar con la burocracia que impide apoyar el proceso de reconstrucción en adobe. Señala que las autoridades no han sido claras en reconocer sus ventajas como material constructivo, ni tampoco su valor en términos patrimoniales, e insiste en que la ayuda entregada es insuficiente. “Deben crearse los mecanismos para que pueblos como Zúñiga sigan vivos, porque son una reserva de nuestra identidad como país”

Casa de Lo Matta

La Casa de Lo Matta, ubicada en Av. Kennedy 9350, Vitacura, es una construcción hecha en adobe, de más de 200 años de antigüedad. Cuenta con dos pisos independientes, tal como las típicas alquerías españolas, introducidas a Chile en la segunda mitad del siglo XVIII. Tiene todas las características de una casa antigua, con muros gruesos de adobe, pilares en sus corredores, faldones de tejas de arcilla y rejas de hierro en las ventanas; características que recuerdan la arquitectura rural del período hispano en la zona central de Chile. Esto la convierte en un gran atractivo dentro de Santiago, y en un ejemplo de que las construcciones de adobe, correctamente mantenidas, perduran y son valiosas.

Junio 2012
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Comentarios acerca de este artículo
pablo cortes gestión y desarrollo cyc spa (22/02/2019)
Estimados muy buena información yo vivo en el valle de elqui y estoy en proyecciones de hacer mi casa de abobe, si tienen material escrito para consultar les agradeceria enormemente. Yo me crie en coquimbo en casa de abobe por lo mismo me guatsrai concretar este sueño pero con una modalidad diferente en cuanto a la forma de amarre o estructuralmente, saludos cordiales a ustedes por querer conservar este patrimonio de nuestros pueblos...
Alfredo Colombo Bagnara emérito (23/03/2015)
CONTINUACION: los adobes se hicieron en obra y la cubierta de tejas de arcille sobre entramado cerchas deslizantes
Alfredo Colombo Bagnara emérito (23/03/2015)
Yo, con otros colegas, contruimos en adobe en Lagunillas (V Región) siguiendo las nortas de Ordenanza General de Urbanismo y contrución existentes a la fecha */- 1945 una ampliación para la casa (de adobes) de don Tomás González. Al parecer resistió varios terremotos
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