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Beneficios y complejidades
del uso de aislación térmica en la construcción

Hace unas décadas era poco común escuchar sobre el uso de aislación térmica en edificaciones en Chile, quedando a criterio del arquitecto o constructor de turno su implementación en un proyecto.

Solo a comienzo de este siglo nuevas normativas y un mayor conocimiento sobre los beneficios de su uso, dieron pie a que el día de hoy sea común el entrar a una oficina de ventas de una inmobiliaria y términos como “envolvente térmica” se escuchen repetidamente.

Si bien el uso de aislación térmica se ha vuelto algo cotidiano en la construcción y especialmente en el ámbito de las viviendas, debido principalmente a la reglamentación térmica impulsada por el Ministerio de Vivienda y a los importantes ahorros asociados a temperar adecuadamente un recinto, es importante entender que su uso no necesariamente significará el fin de las cuentas de calefacción.


A considerar

Muchas variables son las que impactan en el desempeño térmico de una edificación, encontrándose la aislación térmica dentro de los parámetros más importantes, pero siendo aún más relevante el entender un proyecto como un conjunto y definir estrategias que aprovechen los beneficios del comportamiento térmico de los materiales. Es así que dependiendo del tipo de proyecto y ubicación geográfica de este, variables como el espesor óptimo de aislación variarán y podría darse incluso el caso de que un exceso de aislación pueda perjudicar el desempeño térmico de una edificación.

Ejemplo de la importancia de diseñar adecuadamente la aislación térmica, y en sincronía con el resto del proyecto, es la “simple” decisión de aislar una estructura pesada de albañilería u hormigón por su cara interior o exterior. Si bien a primera vista esta decisión no pareciera afectar la resistencia térmica de la estructura, la inercia térmica de las soluciones constructivas variará considerablemente y por ende el tiempo de respuesta de la temperatura del aire interior de la edificación debido a la capacidad de los materiales pesados para absorber o entregar calor al ambiente.

De esta manera, en proyectos que se necesite calefaccionar rápidamente un recinto y por períodos breves de tiempo, sería recomendable el utilizar la aislación térmica por dentro. Sin embargo, un proyecto ubicado en una localidad con amplias variaciones de temperatura a lo largo del día, y que es usado las veinticuatro horas, podría verse beneficiado por una aislación térmica exterior y así permitir que la inercia de la estructura modere las temperaturas. Así, la definición de una estrategia correcta no solamente significará un mejor confort para los usuarios, sino que también permitirá reducir potencialmente el consumo de energía necesario para temperar los recintos.

Es también importante destacar que si la selección o aplicación del material aislante no es la adecuada, todos los esfuerzos y estrategias podrían ser inútiles. Esto se debe a que los denominados “puentes térmicos”, que son los puntos de la envolvente de una edificación en que hay menor aislación y por ende mayores flujos térmicos, pueden generar pérdidas de calor en invierno y ganancias en verano que afectarían el desempeño térmico de un proyecto.

Ejemplo de lo anterior es la selección de materiales aislantes sensibles al agua, que posteriormente son utilizados para aislar zonas en las cual son expuestos a humedad y al absorber esta, pierden su capacidad de aislar térmicamente. Asimismo, un problema aún más recurrente, como una instalación deficiente de la aislación térmica, puede significar el desprendimiento del material a lo largo del tiempo y/o ausencia en zonas críticas. Otro problema asociado a un diseño deficiente de la aislación térmica considera la ocurrencia de condensación y/o formación de moho en los elementos constructivos. Ejemplo de esto es cuando se utiliza aislación térmica interior en muros de albañilería u hormigón, donde si las condiciones son desfavorables se puede presentar condensación al interior del muro. Esto último no solamente puede afectar el desempeño térmico de la solución, sino que también puede impactar la integridad estructural de los materiales y provocar su deterioro en forma anticipada. Este problema puede ser resuelto fácilmente, de tomar consideraciones como la incorporación de una barrera de vapor y/o instalar la aislación térmica por el exterior del proyecto, evitando que la temperatura interior del elemento constructivo caiga abruptamente por debajo del punto de condensación.

Es también importante mencionar que las actuales normativas que involucran requerimientos para la aplicación de aislación térmica en la construcción, dirigidas principalmente a la vivienda, consideran principalmente sus efectos en reducir el consumo energético durante el invierno. Por lo anterior, queda a criterio de cada arquitecto y/o ejecutor de un proyecto, definir las estrategias adecuadas que permitan que una construcción no termine por sobrecalentarse en verano. Ya que si bien las ganancias solares de calor pueden trabajar en conjunto con la aislación, para temperar un espacio interior en invierno, pueden provocar también altas temperaturas durante los meses cálidos y así poder terminar por hacer un recinto totalmente inhabitable.

Lo último es especialmente crítico en proyectos de construcción liviana o de muros pesados que han optado por el uso de aislación térmica por su cara interior, ya que al no contar con una inercia térmica asociada a materiales pesados, pueden provocar que las temperaturas interiores suban rápidamente por sobre el rango de confort.

Como consideración final es importante destacar que cualquier esfuerzo que se realice en pos de aislar térmicamente una estructura, así como cualquier estrategia para maximizar sus beneficios, no servirán si los usuarios no son informados sobre el funcionamiento del proyecto y no se comprometen con este. De esta manera, es normal escuchar algunas veces reclamos respecto a humedad en muros, o problemas de sobrecalentamiento durante el verano, siendo muchas veces el origen de estos inconvenientes el uso incorrecto de los sistemas de calefacción en invierno o el no considerar estrategias de protección solar y/o ventilación adecuadas en verano.

Por lo anterior es de vital importancia que todos los actores involucrados en un proyecto; arquitectos, constructores, inmobiliarias y usuarios finales entiendan el funcionamiento de la aislación térmica en su conjunto y así puedan maximizarse sus efectos positivos.


Fuente: Felipe Victorero C., Jefe de la sección Ingeniería Integral en Construcción Sustentable de la Unidad Resistencia de Materiales de DICTUC.
Enero 2016
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