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Conceptos relevantes en la protección contra incendios
Fuente: Rodrigo Aravena, Gerente de la Unidad Ingeniería de Protección contra el Fuego del área Construcción de DICTUC.
Para comprender los incendios es clave abordar: propiedades de los materiales, fundamentos de combustión y propagación de llamas, sistemas de detección, extinción y alarma, crecimiento del incendio, ventilación y movimiento de humos, sistemas de extinción y compartimentación, entre otras aristas técnicas.
Un incendio

Uno de los temas más relevantes es entender el desarrollo de un incendio, que se puede separar en cuatro etapas fundamentales, como se muestra en el esquema. El origen corresponde a la primera fuente de ignición, cualquiera sea. En la propagación intervienen tanto el elemento inicialmente en llamas como los materiales cercanos a la fuente de ignición. Las propiedades de estos materiales son de fundamental incidencia en el posible desarrollo del incendio.

Esta última etapa es seguida por el “flashover”, momento en el cual las superficies expuestas a radiación alcanzan sus temperaturas de ignición en forma más o menos simultánea y el fuego se propaga rápidamente. Se caracteriza por un fuerte y muy rápido aumento en la temperatura ambiente del recinto. Finalmente, la etapa de decaimiento es el momento en el que el incendio consume toda la carga combustible posible de quemar, motivo por el cual las temperaturas ambientes empiezan a disminuir gradualmente.

Adicional a lo anterior, comúnmente, el desarrollo del incendio se representa como la evolución de la temperatura ambiente en el tiempo. De esta manera, tanto la duración total del incendio, como las temperaturas que se puedan alcanzar dependen de muchas variables, fundamentalmente carga combustible y ventilación. Por ello se dice que cada incendio es único, debido a las singularidades propias que se producen, respecto a la evolución de las temperaturas y a su duración. Cada una de esas aristas contiene un alto nivel de complejidad, lo mismo ocurre con las interrelaciones de dichos aspectos. Entonces, es necesario incorporar conceptos que normalmente tienden a ser mal usados o mal entendidos, por lo que es importante aclarar. En particular, se analizarán dos de estos conceptos, que son muy relevantes en la seguridad constructiva contra incendios: protección pasiva y activa.


Protección pasiva

Es una arista de la seguridad contra incendio que, particularmente en el concepto de resistencia al fuego, está vinculada a impedir o retrasar tanto el avance de un eventual incendio (compartimentación) como una posible falla de los elementos estructurales. El diseño constructivo, arquitectónico y estructural debe preocuparse de esto, pero además debe considerar aspectos relativos a la correcta disposición de las vías de evacuación y un aspecto a veces olvidado: generar condiciones adecuadas para el correcto trabajo de bomberos, tanto en espacio físico como en capacidad de soporte estructural de sus equipamientos.

En este contexto, la resistencia al fuego solo tiene sentido en la medida en que el incendio ya existe y está desarrollado. Presupone por lo mismo que cualquier medida de prevención y control inicial no funcionó. Normalmente constituye la última barrera de protección frente a ese incendio ya declarado.

Así, esta clase de protección está asociada a materiales y sistemas constructivos. Son esos elementos los que por un lado impiden o retrasan ya sea el avance del incendio (compartimentación), o bien el colapso de las estructuras. La resistencia al fuego no tiene relación alguna con el riesgo de inicio de un incendio, ni con la cantidad/toxicidad de los humos generados.

Paralelamente la legislación nacional exige requisitos sobre esos sistemas constructivos, que a su vez son evaluados en laboratorios de ensayos. Todo eso permite que exista una amplia gama de productos y sistemas constructivos con distintos niveles (ratings) de resistencia al fuego, que permiten cumplir con esos requisitos.


Protección activa

Otra arista distinta es lo que se conoce como Protección Activa. Aunque no hay una definición única sobre este concepto, tradicionalmente se refiere a los sistemas de detección, alarma y supresión de incendios que funcionan, ya sea manual (usados o activados por alguien) o automáticamente, una vez que el incendio se inicia.

Lo esperable de estos sistemas es que actúen en las etapas iniciales de un incendio, sin que este llegue necesariamente a declararse en su totalidad. De esta manera, es importante reconocer las características específicas de cada uno de ellos:

Un sistema de detección está precisamente encargado de “darse cuenta” del incendio; para esto existen distintos tipos de dispositivos capaces de detectar ya sea existencia o aumentos de humo (opacidad), de gases (distintos tipos), de temperatura, de calor, etc.

No existe un tipo de detector “óptimo”, el escogido depende principalmente de las características específicas del recinto a cubrir y no siempre un detector más avanzado es mejor que uno más sencillo.

Una vez detectado el incendio normalmente aparece la “alarma”, que es la forma de aviso a los ocupantes, bomberos, administradores, etc., para a su vez iniciar la posible evacuación y/o trabajos de extinción. La instalación de cierta alarma en particular no debe tomarse como un asunto trivial, por lo que para entender su importancia se pueden tomar los dos siguientes ejemplos: En un edificio de gran altura no es conveniente, incluso es contra producente, pretender evacuar a todos los pisos de una vez y por lo mismo existen alarmas zonificadas. Por otra parte, en recintos donde duermen personas (casas u hoteles) la tendencia es priorizar dispositivos que alarmen a los mismos ocupantes, incluso antes que a una central. Estos dispositivos funcionan independientemente y no requieren mayor complejidad de montaje.

Por último, los sistemas de extinción están necesariamente asociados al incendio específico que se pretende controlar, abarcan desde sistemas de combate y soporte a bomberos (redes húmedas/ seca), hasta sistemas de activación automática (rociadores, nieblas) con distintos agentes de extinción; normalmente agua, pero incluyen otros como espumas e incluso gases. Nuevamente, es relevante destacar que el sistema “óptimo” depende de lo que particularmente se busca proteger. Adicional a lo anterior, en todos los casos, un aspecto a veces olvidado de los sistemas de extinción es que requieren un diseño acabado de sus sistemas de suministro (estanques) y presión, además de mantención a su funcionamiento. Desafortunadamente, estos sistemas solo demuestran su posible efectividad en incendios reales.

Un último aspecto importante es que dada la complejidad de los incendios no se puede intentar resolver el problema con una única solución: por ejemplo, tener la cantidad adecuada de extintores es necesario, obligatorio, pero no es suficiente. La misma lógica opera para cualquier otro sistema o dispositivo, lo más importante es poder tener una real evaluación del “problema incendio” específico de cada instalación, y recién sobre eso se puede optimizar los sistemas a utilizar

Septiembre 2014
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