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Juan Carlos de la Llera, Decano de la Escuela de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica de Chile
“La ingeniería puede ser una fuente de creación de valor para Chile”

Impulsar las Nuevas Ingenierías es uno de los grandes motores del trabajo de este destacado ingeniero y académico chileno. Juan Carlos de la Llera lidera desde hace dos años esta reforma en la Escuela de Ingeniería que dirige, proponiendo un cambio de enfoque a nivel formativo, en el área de la investigación y también en el ámbito de la innovación que aspira a desarrollar profesionales transformadores y creadores de valor, capaces de hacer de Chile un país más competitivo. En la siguiente entrevista nos cuenta sobre los alcances de este proyecto.

¿Por qué es relevante cambiar el enfoque en el estudio de la ingeniería?
Porque en la universidad están muy bien articuladas las capacidades en cuanto a formación e investigación, pero no así en lo que se refiere a la tercera misión, que es la creación de valor a través de la innovación. La idea que nos mueve es que las escuelas de ingeniería tienen que ser motores potentes de creación de valor y ése es justamente el objetivo de este programa que estamos impulsando hace dos años, denominado Las Nuevas Ingenierías.

¿Podría decirse que es una gran reforma?
Así es. Es intentar una reforma fundamental, desde todas las dimensiones. Desde cómo se modifica la formación de los profesionales para que se produzca una mayor transferencia del conocimiento a la sociedad, hasta cómo se orienta la investigación académica para que tenga sentido de acuerdo a las problemáticas del país. Todo con el objetivo de solucionar problemas reales, para que impacten dentro y fuera de Chile.

¿Qué cambios implica?
Implica cambios en formación, investigación e innovación. Esas son las tres misiones que hoy debe abordar una universidad compleja, y dentro de ellas la misión de transferencia del conocimiento a la sociedad es fundamental. Pensar en una universidad en abstracto, o más específicamente en una escuela de ingeniería que esté ajena a la realidad de la sociedad es un error.

¿Así se ha hecho en otros países?
Efectivamente. Las grandes universidades del mundo están siempre ancladas a polos de desarrollo particulares. El MIT (Massachusetts Institute of Technology),por ejemplo, está vinculado al desarrollo de la biotecnología; así como Stanford lo está a las tecnologías de información y al trabajo de Silicon Valley. Las buenas universidades del mundo generan en torno a ellas un polo de desarrollo productivo y de innovación, que impacta a la sociedad directamente y con los cuales los países crecen y crean valor.

Para lograrlo, ¿qué pasos debemos dar?
Es necesario partir por conectar al entorno, a las industrias, al sector productivo y al gobierno, con lo que pasa en la universidad. Esto, a nivel del diseño curricular, desde el foco de los programas y los incentivos que se generan, de manera de conectar -por ejemplo- la industria minera con la universidad y la ingeniería, para que la minería se beneficie de la ingeniería y la ingeniería se beneficie con la industria.

¿La vinculación universidad-entorno es un tema pendiente?
Absolutamente. Es un tema magno y macro, nada de sencillo. Existen desconfianzas mutuas entre industria y universidad, porque una percibe que la otra está en un nivel muy académico y la otra siente que la industria sólo se mueve por el interés de ganar patrimonio, dejando de lado el conocimiento. Se requiere construir un puente entre universidad y empresa en la sociedad chilena, así como el que existe en las sociedades más desarrolladas. Ese punto es clave y esencial dentro del proyecto de Las Nuevas Ingenierías: conectar a la industria con la universidad.


Los “nuevos ingenieros”


¿Cuáles son los desafíos en cuanto a formación?
Los desafíos están centrados en hacer que nuestros estudiantes sean útiles a la industria. El objetivo debe ser que los ingenieros no sólo tengan alta empleabilidad, tal como ocurre hoy, sino que entren a la industria y produzcan cambios que le permitan ser más productiva y que la transformen dando vida a un polo innovador.

El foco de nuestra formación en la escuela de ingeniería debe evolucionar de generar buenos profesionales a formar personas capaces de aportar una visión distinta del mundo, transformadora; que tenga la motivación de decir “yo entro a este sistema para mejorarlo y cambiarlo, y no me conformo sólo con recibir un buen sueldo”.

Esa transformación curricular también es magna…
Claro, porque postula cambiar una tradición ligada al estudio de múltiples áreas durante seis años, versus promover que es necesario especializarse en áreas específicas para lograr un desarrollo de clase mundial. Eso requiere foco y una visión distinta a la que tienen las facultades de ingeniería hoy día.

Esto debe estar ligado a la investigación -o más bien al descubrimiento, como prefiero llamarle yo-, porque es necesario ser capaces de encontrar algo que el resto no sabe. En el eje del descubrimiento, la creación de valor aparece en las inter-disciplinas.

La riqueza está en las fronteras de las disciplinas…
Por supuesto. Las inter-disciplinas producen la expansión y el avance del conocimiento, por eso el foco de nuestra escuela de ingeniería va hacia allá. Queremos ver dónde la ingeniería se junta con la biología sistémica, con la astronomía -a través de la instrumentación astronómica- con las matemáticas y la física, para generar ingenieros que son muy parecidos a las células madre, porque da lo mismo dónde se los coloque, ya que tienen las capacidades de modelamiento y análisis, entienden los sistemas y eso basta para que puedan transformarlos y crear valor.

En concreto, ¿qué se requiere?
Lograr la vinculación universidad-empresa, motivar cambios formativos para enriquecer la formación y lograr que los ciclos de formación sean más cortos y alineados con lo que la industria necesita, además del foco interdisciplinario, son las tres áreas de este proyecto. Se resume finalmente en una sola cosa: cambiar completamente la cultura al interior de la universidad y de la escuela de ingeniería.

Sólo así es posible contar con profesionales que, además de ser buenos, puedan cambiar el entorno en el que participan.


Un cambio en la construcción


¿Qué aspectos son necesarios modificar en el estudio de la ingeniería en construcción?
La construcción tiene que tecnologizarse mucho más todavía. Es necesario formar profesionales capaces de medir el impacto que generan en el entorno en el que trabajan y que puedan medir qué ocurre en los procesos productivos que desarrollan. En este sentido, por ejemplo, el ser eficiente en el uso energético en la construcción es un punto crítico, que puede hacer de Chile un país mucho más productivo y eficiente.

Asimismo, la construcción debe ser mucho más receptiva a la innovación, porque hasta ahora -en Chile y en el mundo- tiene un estigma muy ligado a lo conservador, de hacer sólo lo que se acostumbran a hacer y a no producir cambios a través de procesos de innovación. Es justamente ahí donde esta industria tiene una gran oportunidad.

¿En qué áreas se puede innovar?
Es posible desarrollar la innovación optimizando procesos constructivos, modificando materiales, dando nuevos usos a los hormigones de alta resistencia, a los prefabricados, al mismo acero y a las fibras de carbono, entre otros.

Innovar en optimización es especialmente importante porque este sector tiene que preguntarse, qué va a pasar cuando la mano de obra comience a subir de precio y la minería termine por absorber toda la demanda de empleo. Es necesario reaccionar como industria y definir si trabajar en innovación para ser más eficiente o para introducir nuevas tecnologías.

Innovación en construcción, ¿es una tarea urgente?
Honestamente sí. La construcción es un ámbito industrial demasiado relevante como para mantenerse al margen de la innovación. La industria debe empujarla y pedir a la academia su colaboración y expertise para mejorar sus procesos y productos.

La sustentabilidad y la conciencia en los temas energéticos, el énfasis en la eficiencia en los procesos y el uso de mayor innovación en la industria, son tres desafíos importantes para la industria de la construcción; estrechamente ligados al desarrollo de las Nuevas Ingenierías. Si logramos desarrollar las capacidades locales para lograrlo, podremos competir mejor en Chile y en el mundo entero.

Abril 2013
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