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Cristian Suau, experto en diseño urbano sustentable
“Less is low”

Dentro de un vasto currículum, este arquitecto por la Universidad de Chile, Doctorado en arquitectura y un Máster en Diseño Urbano por la Escuela de Arquitectura de Barcelona (ETSAB), ha enseñado e investigado la temática del Diseño Arquitectónico Experimental, la Teoría de la arquitectura contemporánea y el diseño urbano sustentable en Europa y otros continentes. En el marco de su participación en el tercer Winter Workshop, organizado por la Escuela de Arquitectura de la Universidad Mayor, nos dio su visión de cómo estamos en Chile en materia de construcción sustentable y urbanismo.

¿Qué significa “el poder de lo mínimo”?
La definición de sustentabilidad medio ambiental está ligada al principio de adaptabilidad y minimización de huellas de carbono y agua. Mi trabajo profesional en ECOFABRICA y académico en Cardiff University en Gales se sustenta en el uso de energías y dispositivos pasivos que no requieren de una utilización de energías fósiles (low-carbon) y que en sus procesos de fabricación y diseño incorporan simulaciones digitales climáticas y prototipos hechos con materiales apropiados como el desecho industrial (zero architecture). Mi arquitectura no sólo responde a las premisas cuantitativas del ‘less is more’ sino a los parámetros ecológicos del ‘less is low’: un impacto ambiental mínimo. Este modo de recalibrar el poder de la arquitectura como diseño operativo tiene como resultado un sistema espacial altamente experimental, un lenguaje que es vigorizado bajo un análisis complejo entre energía, clima y espacio. Las charlas magistrales celebradas en la Universidad de Palermo en Buenos Aires y en la Universidad Mayor de Santiago responden a una síntesis de mi obra e investigación en los ámbitos urbanos, arquitectónicos y energéticos contemporáneos.

¿Qué implica este concepto?
La definición de mínimo no necesariamente significa minúsculo, sino remover todo lo que el diseño tiene y para su finalidad es superfluo, redundante o sin propiedades útiles. Así, la búsqueda de la vivienda elemental no es una tendencia aplicable en ciudades empobrecidas o culturas menores, sino un sistema adecuado que trabaja con factores de diseño lúdicos. En las charlas, se expuso cómo esta investigación lúdica -basada en un diseño compacto, eficiente y ligero- se alimenta en un jugar pautado por obstáculos. “El poder del mínimo” explora la jugabilidad potencial del diseño, transformando el sentido clásico de la exploración arquitectónica. Una forma de definir esta arquitectura cero o mínima obedece a la utilización del ‘low-tech’ y energías y técnicas constructivas y estructurales pasivas. Eticamente el empleo de sistemas compactos y sinergias multidisciplinares como la ingeniería, ecología y las ciencias de la tierra minimizan el despilfarro energético actual y alivian la presión ambiental en territorios urbanos colapsados y pobres. En Chile estoy impulsando una iniciativa de I+D que consiste en la fabricación de un atrapanieblas tridimensional -llamado FOGHIVE- que mejora el esquema convencional vigente reforzando la capacidad de captación de agua niebla y cosecha de agua para riego controlado en el desierto costero chileno y que ya cuenta con la participación de la industria local e instituciones de investigación, innovación y gestión nacionales e internacionales (figura 1).

¿Qué opina del diseño arquitectónico en Chile?
Creo que el diseño arquitectónico nacional experimenta desafíos fascinantes en los ámbitos de la colaboración interdisciplinar y la búsqueda de un lenguaje apropiado. Su fortaleza reside en una inventiva plástica que combina una simplificación espacial, presupuestos escuetos y nuevas relaciones contextuales. Veo los esfuerzos que desarrollan arquitectos jóvenes latinoamericanos en Brasil, México y Chile en áreas como la infraestructura cultural urbana; vivienda social y espacio público. Por cierto los esfuerzos desplegados son aun incipientes y requieren de un apoyo público tanto de un cuerpo profesional solido y del Estado. Sobre las obras individuales gestionadas de forma privada, la oferta habitacional de viviendas singulares aisladas sigue monopolizando las páginas de la ‘farándula arquitectónica criolla’. Los conceptos arquitectónicos basados en el bajo consumo de carbón, sistemas pasivos y herramientas de simulación y fabricación digital aparecen como oportunidades de exploración de sistemas espaciales innovadores.

¿Cómo diseñar sustentablemente una edificación?
Aquí son importantes dos cosas. Primero, rediseñar la ordenanza de urbanismo y construcción vigente que define una arquitectura uniforme y obsoleta que desconoce los climas y geografías de nuestro territorio, haciendo de este un espacio genérico. Hay que ofrecer densidades variables, tipologías edificatorias contextuales y centrarse en la activación programática de los espacios públicos en tejidos urbanos obsoletos y nuevos. Lo segundo se refiere a proporcionar estándares de alta calidad del confort térmico y espacial de las viviendas comerciales y sociales. No es posible que se siga proporcionando ‘techos’ sin abrigo especialmente en segmentos sociales pobres. Nuestra arquitectura informal -rural o urbana- debe ser apoyada técnicamente para acortar las asimetrías que el mercado inmobiliario no cubre.

¿Qué ocurre en Chile en este plano?
Aquí existe un parámetro de competitividad insuficiente. La vivienda media en Chile aún debe apostar por una modernización ágil en su control de calidad incrementando el índice de urbanidad, densidad y diversidad en función de contextos geo-climáticos y socio-culturales específicos. Aquí la noción de ciudad como suburbio -difusa, infra-densa y mono-funcional debe ser sustituida por un juego urbano más intenso y poroso que permita conectividades y redes sociales más intensas. Ciudad y vivienda son organismos o ecosistemas.

¿Qué falta en Chile para mejorar en su urbanismo?
La mejor forma de entender urbanismo es estudiando ciudades ejemplares. Barcelona se ha reinventado varias veces. Su preocupación central no fue cualificar el espacio verde sino los espacios públicos en manzanas, barrios y ciudad a través de distintas escalas de intervención. En el caso de Barcelona, lo ecológico no implica verde sino densidad. La vieja lógica de planificación urbana heredera del ‘zoning’ modernista reina en todos los menús de recetas urbanas municipales. Ese ‘verde’ es una definición legal, abstracta, un simulacro. Proponer un verde disgregado del tejido urbano inmediato no facilita una mejora en la calidad de vida de nuestros barrios y ciudades. Otra cosa es crear ‘corredores biológicos’ capaces de restablecer ecosistemas fragmentados. La revitalización urbana debe aplicar un urbanismo tridimensional que diversifica los usos urbanos en las coordenadas XYZ, reduciendo los desplazamientos del transporte a partir de una diversificación de sus redes. ¿Por qué la red de ciclo vías que existe exitosamente en Providencia no se replica a nivel metropolitano? ¿Qué impide no impulsar estas iniciativas en barrios marginales? Lo que Santiago o ciudades medianas requieren son continuidades y no discontinuidades.

Diciembre 2012
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