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Giancarlo Carnevale, Decano Facultad de Arquitectura Universidad de Venecia
“Los políticos desconfían de la cultura y la ven como una enemiga que frena el progreso”

Este destacado arquitecto italiano estuvo de visita recientemente en Chile invitado por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Construcción de la Universidad Mayor para participar en la tercera versión del “Winter Workshop WAUM 2012”, instancia donde se reúnen diferentes escuelas de arquitectura a nivel internacional para debatir tópicos de contingencia. Este año, la temática central abordó la transformación territorial que sufre el espacio industrial hacia lo público. En esta entrevista, el académico se refiere a proyectos concretos en esta materia, tanto en Chile como en Italia, a la importancia que le asigna al espacio público de calidad como un concepto de negocios, y a la relevancia que cobra para Chile crear una instancia donde un grupo de intelectuales y expertos asesoren al Estado en este tema.

¿En qué consistió su charla, titulada la “Tierra Media”?
El nombre hace alusión a un lugar fantástico, que no está bien definido. Y tiene sentido, porque hago referencia directa a un proyecto que realizamos con alumnos de la Universidad de Venecia, donde el agua se mueve continuamente y la tierra emerge y desaparece. El tema central del proyecto fue la transformación territorial sufrida por la comuna di Mira, cercana a Venecia, a través de la intervención que se realizó en la zona industrial de Porto Marghera en 2008. Ahí se construyó una red de rutas integradas de fitodepuración que cambió la morfología de la zona y de ciertas lagunas. Este trabajo logró establecer una red de puentes que unen los diferentes humedales de la zona y combinar la industria del turismo, la cultura y el territorio de una forma innovadora. La iniciativa fue comparada con el proyecto de recuperación del terreno “Las Salinas”, en Viña del Mar, donde antes operaban una serie de empresas petroleras y que hoy se encuentra en condiciones ambientales para su desarrollo urbano.

¿Qué importancia asigna a la transformación del espacio territorial desde lo industrial a lo público?
En relación a estos dos proyectos que recién mencioné, hay que aclarar que se da una situación diferente: en Puerto Marghera aún existe producción industrial, pero en el caso de “Las Salinas”, en Viña del Mar, ello no era posible porque dejó de ser un área industrial. El hecho de que Las Salinas sea un terreno privado con un marcado caracter público me parece importante porque aporta un sentido social. Por ejemplo, se podría crear ahí un centro de investigación polivalente donde también exista infraestructura turística. Cuando se llevan a cabo proyectos complejos como éstos, donde se combinan competencias interdisciplinarias que incluyen, entre otros, paisajes y estructuras, es necesario poder incluir al ámbito académico, algo que lamentablemente muchas veces no ocurre. En Italia también pasa algo similar, ya que existen demasiados intereses involucrados.

Winter Workshop WAUM 2012

¿Qué valor se le da al patrimonio arquitectónico en Chile?
Me parece que en Chile y en Italia existe un concepto muy diferente. En Italia, la herencia histórica tiene más de 2 mil años y la protección es muy potente. Es así como la Superintendencia de Monumentos constituye un poder muy fuerte, que tiene herramientas para detener cualquier tipo de proyecto de construcción. Invitado a nuestra universidad, el arquitecto Felipe Assadi dijo que Chile no tiene mucha historia, pero sí tiene mucha geografía; por eso, me parece que aquí la herencia más interesante debe basarse en la forma en que se conforma la organización urbana. Tal vez este país no cuenta con tantos monumentos, pero su legado constituye un documento que debe ser preservado, porque es testigo de un período histórico.

¿Qué ocurre con la disyuntiva de cambiar una obra vieja por una nueva?
Eso ha pasado siempre en la historia de la arquitectura. Existe una urgencia por resolver ciertas situaciones críticas que legitiman cualquier decisión final. Obviamente, se plantea una lucha entre política y economía, que muchas veces deja fuera a la arquitectura. Para mí, el problema es sencillamente la calidad. Si esta obra nueva que se construye tiene calidad es justo que remplace a algo más viejo. La calidad debe ser el primer valor a defender.

¿Cree que en Chile se respeta el espacio público?
Primero que nada, me parece que la calidad arquitectónica contemporánea en Chile es hoy de alta calidad. En Europa es muy bien considerada. Es una arquitectura joven y culta. Pero el poder del espacio público no es la calidad de la arquitectura en sí, sino la calidad del vacío. Por ejemplo, un espacio público puede ser arquitectónicamente pobre pero de una gran calidad humana y espacial. El asunto es quién tiene esa competencia para decidir. Puede ser el Estado, pero necesariamente debe apoyarse en una entidad de investigación que incluya sociólogos, antropólogos, paisajistas. Este es un problema global; los chinos se están dando cuenta que la calidad del espacio es un gran negocio.

Y en Chile, ¿El espacio público se asume como un negocio?
El espacio público de calidad es un negocio para todos y en todos lados. Y hay que vivirlo en todo momento. Los estadounidenses lo han entendido muy bien: Nueva York, que es una ciudad bastante peligrosa, posee espacios públicos muy buenos. Eso sí, hay que abordar temas relevantes como la peatonalización, la seguridad y el tener la opción de poder utilizar siempre estos espacios. Santiago, por su parte, es un lugar muy ecléctico que posee espacios muy buenos como el GAM y el Mercado Central, que se desarrolla continuamente pero que conserva sus características. Me llama la atención cómo se aprovecha aquí las intersecciones, por ejemplo.

¿Qué reflexión le surge tras participar en este Winter Wokshop?
Es necesario que en este tipo de temas, el Estado trabaje junto a un grupo de intelectuales y de expertos que tengan competencias multidisciplinarias. La política toma decisiones en todos los niveles, pero necesita el apoyo de esta fuerza, ya que el análisis que aportan estos individuos desde sus distintas áreas, puede llegar a cobrar una relevancia absoluta.

Lo bueno que tienen los intelectuales es que pueden hablar diferentes “idiomas” entre ellos. Sin embargo, el problema es que no existe confianza con la cultura; los políticos desconfían y, muchas veces, la ven como una “enemiga” que frena el progreso.

Octubre 2012
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