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El desafío del futuro, hoy:
¿Cómo alcanzar un Desarrollo Urbano Sustentable?

Tener ciudades más integradas, un transporte público verdaderamente eficiente y acceso a áreas verdes en todas las zonas urbanas, son tres de las innumerables condiciones que una ciudad sustentable en el futuro requiere. Tres condiciones en las que específicamente la nuestra, Santiago, está en deuda. Los líderes de las tres carteras que inciden directamente en estos desafíos -Obras Públicas, Transporte y Telecomunicaciones y Vivienda y Urbanismo- plantearon sus fórmulas.

El foro empresarial “Ciudad Sustentable”, organizado por Icare, fue el escenario que reunió hace algunas semanas a ministros, autoridades académicas, profesionales de la arquitectura y empresarios de la construcción.

Fue Pablo Allard, Decano de la Facultad de Arquitectura y Artes de la Universidad del Desarrollo, quien sentó los precedentes de un tema de preocupación creciente: la ciudad y su sostenibilidad en el futuro. El arquitecto planteó distintos ejes de acción para un desarrollo urbano sustentable, destacando la necesidad de entregar oportunidades a las periferias para lograr ciudades más integradas, extender las redes de metro y explorar transportes alternativos para que el acceso a la ciudad sea más fácil. Advirtió que la principal crisis que deberemos enfrentar es urbana, pues la sostenibilidad de vida en la ciudad está en cuestionamiento, a raíz de la movilidad de la población rural a la urbe”.


Una mejor ciudad


En su intervención “Infraestructura para la modernización urbana: desafíos para el sector público y privado”, el Ministro de Obras Públicas, Laurence Golborne, aclaró que su cartera tiene competencias en la ejecución de infraestructura, pero atribuciones limitadas sobre su planificación. Incluso así, son consultados en los procesos de planificación de desarrollo urbano y en los planes maestros de transportes y gestión de tránsito. Participan también en instancias que inciden en la planificación, como la Comisión Nacional de Uso del Borde Costero, el Comité Interministerial de Infraestructura, Ciudad y Territorio -que preside- y el Comité Interministerial de la Construcción. Desde esa posición el MOP enfrenta la tarea de construir una mejor ciudad.

Para el ministro Golborne, este desafío no es nuevo. “Ya en el Renacimiento se pensaba en las ciudades ideales, buscando cuál era el desarrollo que tenían que tener estos centros urbanos”. Sin embargo, aclara que es necesario trabajar desde una perspectiva pragmática y asumir que hay segundos óptimos en esta materia. “Los países en desarrollo no estamos partiendo de un punto cero. No estamos creando Brasilia, ni ciudades nuevas. Enfrentamos una situación en la que hay que convivir con las malas decisiones del pasado y avanzar a pesar de eso”, sostiene.

Respecto a una de las últimas ideas que está tomando fuerza, la tarificación por congestión en ciertas zonas de Santiago, y donde se coloca el caso de Londres como un ejemplo a imitar, señala que es necesario considerar que sólo en la implementación de esta medida en ese país se invirtieron más de 300 millones de dólares. “Las preguntas que aparecen son quién financia, si es necesario implementar concesiones y cuál es el marco legal, entre muchas otras variables”, explica.

A su juicio, otra dinámica y discusión pendientes es qué tipo de ciudades queremos tener, si expandidas o compactas, con los “pro” y “contras” que eso tiene. Señala que vale a pena tener en cuenta lo que ha sucedido con ciudades como Houston, analizada recientemente en un artículo de The Economist, una localidad sin ninguna zonificación, rankeada como la cuarta ciudad de Estados Unidos en población, donde los ciudadanos dependen del automóvil, viven con una mala calidad de aire y tienen poco acceso a áreas verdes, pero que cuenta con grandes oportunidades de empleo, propiedades a precios accesibles y en general bajo costo de vida, lo que la llevó a crecer en 1.2 millones de habitantes en la década del 2000 y 2010.

Coordinar los distintos intereses y motivaciones, haciendo primar el bien común, es lo que en opinión del ministro Golborne debe considerar el plano regulador en el caso de Chile, de manera que exista un eje que regule el accionar de las ciudades.


Hacer frente a desafíos mayores


La crisis permanente del Transantiago es un revés con el que el Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones debe lidiar diariamente. Pedro Pablo Errázuriz, el ministro a cargo, lo dejó claro en su exposición titulada “Transporte urbano y calidad de vida”, pero a pesar de eso se ha propuesto que su cartera llegue a tiempo para cumplir con los desafíos que tiene pendientes, a través de un plan grande, ambicioso; acorde con las nuevas exigencias de los ciudadanos.

Señala que las personas valoran cada vez más su tiempo, se evidencia un aumento real del uso del automóvil -en Chile y en países desarrollados- y, en su opinión, las expectativas de la gente son cada vez mayores, en un escenario de requerimientos crecientes. Teniendo en cuenta estas variables, el ministerio se planteó una transformación de fondo: tener un sistema de transporte que impulse el desarrollo social y económico de Chile. “Para lograrlo, nos propusimos liderar la planificación de infraestructura del transporte y, por lo tanto, actuar en total coordinación, pero ser quién está mirando cómo viene, qué es lo que va a pasar, y seguir empujando. No sólo diseñar, sino que hacerse cargo de que los actores que tienen que participar en el desarrollo lo hagan; y preocuparse que lo hagan a tiempo”, afirma con convicción.

Aquí las tareas son muchas. Entre ellas, potenciar la competitividad del transporte de carga, asegurar que los servicios respondan a las necesidades de los usuarios -cerrando la brecha del transporte público de regiones con respecto al de Santiago- fortalecer las organizaciones e instituciones del sector del transporte para garantizar una política de transporte de largo plazo y potenciar la forma de trabajar al interior del ministerio. En su rol planificador trabajan en la creación de nuevas divisiones, además de cuatro instituciones: una agencia de fiscalización del transporte, una superintendencia del transporte, una agencia de seguridad de tránsito y dos agencias de transporte público, para la Región Metropolitana y el resto del país.

Asimismo, trabajan de la mano con la Intendencia y el MOP en el que llaman el Plan Maestro para el Transporte al año 2025, cuyo borrador estará listo a fines de este año. “Es un instrumento que contiene medidas de corto plazo que optimizan el uso de la infraestructura, un plan único de transporte público que incluye Transantiago, metro y trenes suburbanos, además de un plan de gestión que contenga la política pública para Santiago y un programa de inversiones de largo plazo. De hecho, los primeros pasos en ese sentido fueron fortalecer el metro, por eso en 5 ó 6 años se crecerá un 35% de lo que se creció durante los últimos 40 años”, indica el ministro.

El objetivo es tener un transporte público tan bueno que las personas consideren bajarse de su auto y subirse a los buses, controlando así parte de la congestión.


Construir pensando en el futuro


Casos como el mall de Castro, las dunas de Concón, “Sanhattan” y Bajos de Mena, son cuatro ejemplos de lo que no debe ocurrir en un país que quiere que sus ciudades tengan un desarrollo sustentable. Así lo indicó el ministro de Vivienda y Urbanismo, Rodrigo Pérez, en su exposición “Agenda para la transformación urbana”. En ella recalcó que hoy, más que nunca, se hace necesario tener una política de desarrollo urbano, renovada, que apunte a resolver de manera urgente temas como el de la segregación. Ese es, a su juicio, el más grave de los problemas de la ciudad y del que todavía no se habla lo suficiente.

La explicación a esta realidad es que la política habitacional de los últimos 30 años en nuestro país ha sido muy exitosa en reducir el déficit cuantitativo de viviendas sociales, pero muy precaria en la tarea de reducir el déficit cualitativo, que por el contrario, ha ido en aumento. “En este avance, donde se privilegió fuertemente la cantidad por sobre la calidad, nos olvidamos muchas veces del concepto de ciudad, y por lo tanto, de la calidad de vida de las familias”, recalca.

Asimismo, es un hecho que la población urbana en el país está aumentando. Durante los últimos 20 años, pasamos de 11,1 millón de habitantes en los sectores urbanos, a cerca de 15 millones, registrando un aumento de 36%. Paralelamente, los hogares urbanos aumentaron prácticamente el doble, cerca de un 63%, pasando de 2.8 millones a casi 4.5 millones, principalmente por la menor cantidad de integrantes del grupo familiar y el envejecimiento de la población.

En este nuevo escenario -indica el ministro- se ha descuidado la integración social de las ciudades. Y eso pasa en Santiago, en Rancagua, Valparaíso, Concepción, Puerto Montt, Temuco. Por eso es urgente tener una política de desarrollo urbano, es decir, un conjunto de principios rectores y delineamientos estratégicos; un marco conceptual que otorgue las orientaciones respecto de cómo queremos que sean nuestras ciudades del futuro. “Es importante tenerla, porque es fundamental lograr alinear a todos los entes públicos y privados que hoy intervienen en el territorio”, puntualiza.

Debido a esta urgencia, el presidente Sebastian Piñera ha designado una comisión asesora presidencial, totalmente transversal, compuesta por personas del mundo político y social, decanos de facultades de arquitectura de las universidades, expertos en urbanismo y ex ministros de obras públicas y vivienda, que trabaja en cuatro subcomisiones: planificación, institucionalidad, patrimonio e integración social.

En paralelo, se está trabajando en la nueva ley de calidad de la construcción y la ley de aporte al espacio público. Esta última, tenderá a que todos los proyectos inmobiliarios contribuyan con el espacio que intervienen, de acuerdo al impacto que generen. Así será posible aumentar los estándares de equipamiento, y disminuir el déficit de áreas verdes existente. El aporte podrá hacerse en obras o en dinero a un plan de inversiones que cada municipalidad tendrá, para mitigar las externalidades que esos proyectos generen; un factor relevante para el desarrollo sustentable de las ciudades.

A esas acciones se suman los proyectos urbanos post terremoto; también pensados como una forma de repensar las ciudades, y a partir de los cuales se levantaron 27 planes de reconstrucción estratégicos sustentables, con participación ciudadana y consultores de primer nivel. “También se llevaron a cabo numerosos Planes de Regeneración Urbana (PRU), para mejorar el entorno urbano en las zonas afectadas por el terremoto, y donde además se incluyeron otras ciudades, en una definición estratégica de cómo queremos que sean las ciudades en el futuro”, indica Rodrigo Pérez.

Septiembre 2012
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