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Por Camilo Tavera, Regional Manager Ingersoll Rand Air Solutions para el Cono Sur.
COLUMNA
La importancia
de los sistemas de
aire comprimido
en
la construcción

Uno de los mayores errores al pensar en aire comprimido es pensar sólo en poner más o menos compresores.

Como muchas veces las empresas -y esto no sólo pasa en el rubro de la construcción- no conocen cuánto aire requieren y en qué tareas lo pueden utilizar, tienden a tomar decisiones erróneas que finalmente son más caras.

Nuestra experiencia nos indica que habitualmente las empresas suelen simplificar el problema del aire comprimido a tener uno o más compresores, sin conciencia de que probablemente la solución que utilizan fue creada para una industria distinta o que está fabricado para condiciones de operación de otras características.

El aire comprimido a menudo es una energía mal considerada. Pongámoslo de esta forma: nadie se atrevería a cambiar la potencia eléctrica porque sabe que los equipos no funcionan o pueden, incluso, destruirse.

Entonces, ¿por qué razón las compañías tienden a cambiar el aire comprimido si una mala elección puede ser desastrosa? La respuesta es clara: por desconocimiento.


Clasificación del aire comprimido

El mantenimiento de la calidad del aire es tan importante para la producción industrial que incluso la International Standard Organization, entidad multinacional que crea las normas ISO, creó una norma, la ISO 8573.1, que establece seis clases de aire comprimido, según el rubro industrial.

En el caso del rubro de la construcción existen dos clases de aire comprimido que se utilizan en aplicaciones industriales.

El primero es el que entra en la norma ISO 1.4.1 que se aplica en fabricación general de elementos que son claves en el proceso constructivo actual: troquelados de metales, herramientas neumáticas, montaje o pinturas.

Un segundo tipo de aire comprimido que se usa en la construcción entra en la norma ISO 1.6.1 y es el que se utiliza directamente en el proceso de construcción.

La razón de que exista esta clasificación se debe a las condiciones de operación y desempeño.

En el caso de estos dos tipos de aire comprimido que se emplean en la construcción, se exige que los compresores y el sistema en el que funcionan puedan eliminar eficientemente partículas sólidas y aceites y que tengan una humedad relativa inferior al 50%.

Eso significa que el aire que se entregue sea limpio y que mantenga condiciones constantes de operación, sin importar si se produce un cambio en los requerimientos o en las condiciones climáticas.

Como toda fuente de energía, el aire comprimido debe ser confiable, estar disponible permanentemente y mantener un rendimiento constante.


Tres preguntas vitales

Por ello es clave que al diseñar y operar un sistema de aire comprimido en la construcción, usted se haga tres preguntas: ¿La calidad de al aire afecta mi proceso de producción y mi producto final? ¿Una deficiente entrega de aire comprimido reducirá mi productividad y los niveles de calidad de mis productos? Y, por último, ¿qué condiciones ambientales internas y externas afectan la calidad del aire comprimido producido por mi sistema?

La respuesta a esas preguntas puede ser decisiva no sólo por el monto de recursos involucrados, sino especialmente por cómo puede afectarse el sistema de construcción.

En caso de que el aire comprimido funcione mal se produce un desgaste prematuro de las máquinas, daños en los instrumentos, óxido y corrosión en herramientas, mayor índice de chatarra y, lo más peor, un entorno inseguro y desagradable.

Marzo 2007
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